31 mar. 2011

The Noah Confessions - Capítulo 9

¡Hola! Chic@s, lamento muchísimo la tardanza, la semana pasada entre en exámenes finales y no he tenido tiempo para nada. Pero hoy mi conciencia me dijo HAZ EL CAPITULO y ya por fin hoy lo pude terminar. ¿Qué les parece? A mí por lo menos, me gusta el nuevo chico, ¿Qué tal a ustedes? ;)

Traducido por AndreaN

Nunca le dije a nadie cuanto disfrutaba del cementerio. Nadie ni siquiera sabía que iba para allá. Excepto por Jen, y la deje creer que era un evento raro. Pero era una rutina.

Tomaría el autobús hasta Westwood al menos una vez a la semana. Me detendría para comprar flores y una Snapple1 y algunos Twizzlers2. (Mi mamá amaba los Twizzlers.) Luego caminaría hacia el cementerio y me sentaría cerca de su tumba y empezaría a hablarle como si ella en realidad estuviera presente. Nadie prestaría atención. Nadie estaba alrededor a mediodía. Y sentía todo dentro de mí calmándose. Ella era muy real para mí ahí. Estaba convencida de que podía oírme.

Sabía que no tenía sentido. Si estaba en el cielo, si ese lugar existía, entonces podría escucharme en cualquier lugar en el que estuviera. El suelo y el cementerio y la tumba ornamentada no la hacían más disponible. Pero funcionaba para mi. Me deje a mi misma ser irracional sobre ello.

Mi padre me traería aquí en el aniversario de su muerte, pero no le hablábamos. Solo nos parábamos y observábamos el suelo y las flores y el cielo. Luego nos íbamos. Me preguntaba si él hacia sus propias visitas secretas. Pero no le pregunté. Estaba demasiado ocupada intentando ocuparme de sus emociones. Tenía miedo de verlo llorar.

Había pasado suficiente tiempo ahora, tanto que me sentía realmente joven cuando mi madre murió. Por años parecía como si hubiera sido ayer, luego la semana pasada, luego el mes pasado. Ahora se sentía como una época diferente. Cuando era pequeña. Ya no me sentía pequeña.

En los días anteriores, había rezado porque volviera, y eso era doloroso. Porque era justo lo suficientemente mayor para saber que no podía, pero lo suficientemente joven como para creer en cualquier clase de magia, como Santa Claus y Dios.

Luego dejé de creer en Santa Claus y me molesté con Dios.

Luego dejé de creer en Dios.

Luego me molesté con mi padre.

Luego con el tipo que atropelló a mi madre, el malvado conductor borracho que estaba en la cárcel.

Luego dejé de estar molesta con todo el mundo y sentí mucha lástima por mí misma.

Luego dejé todo eso y tuve una silenciosa tristeza en lo profundo, como la que recordaba a mi madre tener.
Ahora podía pararme ahí en su tumba sin culpar a nadie.

Simplemente sabia que la vida ocurría de ese modo y alguna gente no tenía tanta suerte y yo era una de ellos. Y ella era una de ellos.

Le dije a la tumba: —Hey, mamá, gracias por la carta. Realmente me está perturbando.

Me la imaginé sonriendo.

Me pregunté como luciría si hubiera vivido tanto. La recordaba con piel perfecta, corto cabello castaño y risueños ojos verdes, pecas en su nariz, manos en sus caderas. Nunca usaba pantalones de hacer ejercicio, como las otras madres. Ella siempre se ponía ropas de verdad, incluso aunque fueran jeans. Solía decir: —Lynnie, el fin de la civilización es cuando la gente deja de usar ropa con botones y cierres—. Luego se reiría. Entendía lo que eso significaba. Yo solo estaba avergonzada porque las otras madres usaban ropa de entrenamiento en todos lados. Ahora me daba cuenta de que ella lo estaba intentando con mucha fuerza. Si estuviera viva, sería una de esas geniales madres de Hillsboro que se visten bien y hacían el suficiente trabajo en la escuela pero no se cansaban o se convertían en una molestia.

Solo estas intentando mantener a tu madre perfecta —me había dicho Jen. Lo dijo como si eso fuera una falla de carácter, y tal vez lo era.

—Así que mira —dije—, lo estoy leyendo porque papi dice que debería y confió en él. Siento que estoy espiándote, ya que no sé quién es ese tipo Noah, y no he llegado a la parte donde explicas… —me detuve y baje mi voz a un susurro—, porque eres una criminal. Supongo que estoy esperando que esa parte realmente no sea verdad. Y estoy aquí para decirte que digas lo que digas, no voy a pensar diferente de ti. Ok, tal vez piense diferente, pero no voy a dejar, ya sabes, de amarte.

Me detuve y me pregunté si eso era cierto. Nunca había dejado de amar a nadie. No estaba segura si era posible. Habían dejado de gustarme chicos antes, pero eso era diferente.

El amor se sentía como algo que no podías cambiar.

—Ya es raro —dije—, leer tus pensamientos cuando tenias mi edad. Bueno, solo un poco más joven. Tu no eras lo suficientemente mayor como para conducir un carro todavía. Yo si lo soy, pero resulta que no tengo uno. Estoy segura de que estarías en desacuerdo con papá en ese punto. Ustedes tendrían una de sus peleas en susurros que siempre intentaban esconder de mí. No me molestaban. Podía darme cuenta de que no eran muy serias.

Tomé un aliento y levanté la vista hacia los arboles, los cuales estaban inclinándose y bailando bajo los bajos cielos grises, tan atípico de L.A. a esta época del año. Pero siempre se sentía más apropiado estar en el cementerio cuando el clima estaba lóbrego. Estaba a punto de empezar mi próximo discurso cuando noté a alguien cerca, mirándome. A primera vista él parecía un turista nerd. Estaba sentando al lado de una lapida con un bloc de dibujos en su regazo. Tenía cajas de lápices de carboncillo rodeándolo, pero no estaba dibujando. Solo me estaba mirando. Lo mire también.

Levantó una mano en un saludo casual, y lo recordé de ayer. Estaba sentando en el mismo lugar, haciendo exactamente lo mismo cuando Jen y yo vinimos.

Lo miré sin pedir disculpas, intentando decidir si era un raro de cementerio, un acosador, o solo alguien con un pariente muerto, como yo.

Tenía más o menos mi edad, aunque era difícil de decir por la manera en que estaba vestido. Estaba usando jeans y la misma chaqueta de camuflaje (de tienda con descuento, me parecía, en lugar de Abercrombie3, intencionalmente afligido) y una andrajosa camiseta vaquera y zapatillas Converse rotas y con letras en ellas. Su cabello era rubio oscuro, en algún lugar entre muy largo y no lo suficientemente largo, y desde esta distancia parecía como si él en realidad tenía una razón para afeitarse. Sus ojos eran de un aterrorizador, inacabado tono azul, y me estaban mirando solo a mí.

Caminé hacia él, lo suficientemente cerca como para ser escuchada.

—¿Te estoy molestando? —pregunté.

—Todavía no —dijo él.

—¿Cuándo lo sabrás?

Se encogió de hombros. —Cuando me molestes.

Le di la espalda, como si pensara que podría ignorarlo.

Pero cuando intenté hablar con mi madre de nuevo, me di cuenta de que todo lo que podía ver era su rostro. Me di la vuelta y él estaba dibujando en el bloc de dibujos.

—Te vi ayer —dije.

—Sí. También te vi. Y a la chica surfista.

—¿Cómo sabias que era una chica surfista?

—Siempre sabes con ellos.

—Resulta que yo también surfeo —dije. Un día y una buena ola contaban.

—Lo que sea que haga que tu campana suene4 —dijo, y sonrió. Tenía que admitir que era una sonrisa sorprendente.  

—¿Qué haces aquí? —pregunté.

—Dibujando —dijo.

—¿En un lugar como este?

Se encogió de hombros de nuevo. —Seguro.

—¿No se te ocurrió que la gente viene para acá a hablar con sus parientes muertos?

—Eso está bien por mí.

—¿Por qué te gusta dibujar aquí?

—Usualmente es silencioso. Me gusta lo silencioso.

—¿Me has estado escuchando?

—Realmente no.

—Supongo que crees que es raro, alguien hablándole a una tumba.

—De hecho no. Sucede a menudo.

Puso su bloc de dibujos a un lado y levantó la vista hacia mí. Tenía una cara algo angelical y me pregunté por un breve y loco momento si él en realidad podría ser un ángel. Esas extrañas ideas se me ocurrían cuando estaba en el cementerio. Pero me imaginé que los ángeles no necesitaban afeitarse.

—¿Cómo te llamas? —pregunté.

—Mick.

—Oh —dije—. Como Jagger5.

—Sí, me llamaron así por él.

Mis cejas subieron. —¿Tus padres lo conocían o algo?

Él se rió. —Probablemente mi padre pensaba que lo conocía cuando estaba drogado. Mi viejo murió de sobredosis cuando era demasiado pequeño como para conocerlo. Vivo con mi mamá. No habla mucho de él.

No dije nada. Se paró y caminó en mi dirección.

Era más alto que yo.

—¿Cómo te llamas?

—Lynnie. ¿A qué escuela vas?

—Uni High —dijo, asintiendo duramente en la dirección de la secundaria a unas pocas calles de distancia. Una secundaria publica. Había rumores sobre ellas. Todos los chicos eran salvajes. Pero ese era el rumor acerca de todos los chicos que no iban a una escuela privada.

—¿Y tú? —preguntó.

—Hillsboro.

—Oh, ok —dijo, emitiendo un juicio.

Quería decirle que tenía una beca, solo para aliviar la tensión. Pero no parecía correcto mentir, parada junto a la tumba de mi madre.

Él dijo: —Así que, ¿Qué? ¿Tus padres son ricos del mundo del espectáculo?

—Mi padre es abogado. Mi madre está aquí mismo —dije, señalando la tumba.

—Ya veo. A ella es quien le estás hablando.

—Sí.

Él estaba cerca de mí ahora. Nos miramos el uno al otro. Una extraña clase de calma me rodeo mientras miraba su rostro.

—¿Qué tienes en contra de las chicas de Hillsboro? —pregunté.

—Es lo que ellas tienen en contra de mi —dijo él—. No del otro modo.

—¿Qué estabas dibujando? —pregunté, sin saber que mas hacer.

—Te lo mostraré si quieres ver.

Lo seguí a donde había estado sentado. Recogió el bloc de dibujos, pasó unas cuantas páginas, y me lo mostró. Era un dibujo abstracto bastante bueno de un cementerio. Las lapidas lucían como dientes, todos torcidos y carnívoros. Las ramas de los arboles se aproximaban como cables mágicos.

—Me gusta mirar la muerte —dijo—, y sacar todo el misterio de ella. Mi meta es hacer un dibujo de un cementerio y que no parezca más interesante que, no lo sé, maniquís en una tienda.

—Todavía no has llegado allí —dije.

Giró el bloc de dibujos hacia sí mismo y se rió.

—No, supongo que no.

También me reí. Era la primera vez que podía recordar reírme, parada tan cerca de mi madre.

Miré mi reloj.

—Me tengo que ir —dije—. Tengo que alcanzar el autobús. No tengo carro.

Sonrió. —Eso es inusual para una chica de Hillsboro.

—Ni que lo digas.

—Ok —dijo—. Tal vez te vea aquí de nuevo.

—Poco probable.

Él se encogió de hombros. —Conocerte fue poco probable. Creo que hemos atravesado esa barrera.

***
1. Snapple: Marca de té y jugos. [NdT]
2. Twizzlers: es una popular marca de caramelos con sabor a fruta en los Estados Unidos y en Canadá. [NdT]
3. Abercrombie: Es una marca de ropa y accesorios norteamericana. [NdT]
4. Lo que sea que haga que tu campana suene: Es una expresión que significa “Lo que sea que te haga feliz” es decir, se utiliza para no llevarle la contraria a otra persona. [NdT]
5. Mick Jagger: Popular cantante de rock, líder vocalista de los Rolling Stones. [NdT]

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